El cementerio de Calderón amaneció cubierto con un enorme manto de flores. Cientos de rosas blancas acompañaban a los difuntos para alegrarles su día, mientras familiares, turistas y curiosos recorrían el cementerio celebrando la vida junto a los muertos.
El ambiente que se respiraba era conciliador. No hubo gritos, sino rezos, no hubo dolor, sino alegría. Un niño de cinco años saltaba de lápida en lápida, como el que juega a la rayuela junto a su padre, que encalaba un crucifijo donde yacía su padre. La muerte, despojada de sus atributos, en singular armonía con la vida.
En cada sepultura habitan cientos de historias que los vivos vienen cada año a rememorar. ‘Miguel Tituaña 1935- 2007’, rezaba el texto de una enorme lápida de mármol blanco. Alto y esbelto. Con porte caballero según se puede ver en un retrato del finado. A su lado, pegado a él, otra pequeña lápida. Allí yacía su nieto, Miguelito Tituaña, fallecido en junio de este año, a los 3 meses de edad. Sus familiares habían colocado decenas de hermosas flores a su lado.
“Son cuatro generaciones las que se encuentran enterradas en este cementerio”, cuenta emocionada Judith, hija de Miguel Tituaña y abuela del bebé fallecido. Los familiares, en torno a unos 10, rodean las dos lápidas haciendo un círculo que aguarda y protege a los difuntos.
Celebración
No se asoma un ápice de tristeza entre los familiares. Al revés, una sonrisa aparece en la comisura de sus labios. Hay reencuentro, armonía entre los de aquí y los de más allá. Evocan anécdotas y lo ‘viven’ a través del recuerdo. “Miguel Tituaña fue el fundador del equipo del Real Madrid de Llano Grande, de donde venimos”, agrega Judith. En frente de ellos hay otras dos lápidas, más vetustas. “Esas son de los papás de Miguel, los tatarabuelos del pobre Miguelito”. Al hablar de Miguelito, la abuela se entristece un poco, pero no deja de sonreír. Espera que el devenir de la vida siga con sus ciclos y que, en breve, un nuevo retoño vuelva a concederles la gracia de la vida.
Momentos especiales
Unos metros más adelante hay una preciosa niña sobre un crucifijo de piedra. Está sentada sobre él. Juega como si fuera un estático caballito de madera, ajena al ‘peso’del símbolo. Las flores invaden el espacio y la gelidez de la piedra ha sido reemplazada por la suavidad de las miles de rosas, que convierten el camposanto en un espacio plagado de vida multicolor. “Las más comunes son las rosas blancas. Simbolizan la pureza. También las margaritas y los pensamientos”, comenta una señora mientras saca brillo a la lápida de su difunto esposo.
Y la vida continúa. Las familias beben colada morada, comen guaguas de pan, honran a los muertos en vida y les cuentas sus chismes: “Yo vengo cada 15 días, vivo aquí en Calderón y le cuento mis cosas a mi hermana, que falleció hace cinco años”, explica Katia, que ajena al tumulto y a algún que otro impertinente flash, permanece sentada en la tumba. Parece que le susurra algo indescifrable para el resto de los mortales.
Comida tradicional
Siguiendo la estrecha senda que separa los vivos de los muertos aparece otra familia. Comen ochocuta, una comida muy típica del Día de los Difuntos. “Es una mezcla de arveja, tostado molido, carne de chancho, menudo de pollo, papas y aliños”, describe la matriarca de este clan de 18 personas, mientras disfruta de este platillo a los pies un ataúd. Vienen de Calderón y visitan a su padre, a su abuela y a algunos familiares políticos. Han venido hijos y nietos. Si no fuera por el escenario del cementerio parecería que celebran el aniversario de algunos de ellos. Han colocado dos jarrones con rosas blancas. Dicen que cuando acaben de comer se irán. No sin antes haberle ofrecido algo a sus difuntos.
En este pequeño cementerio hay también hileras de nichos, todos ellos con inscripciones de clanes familiares. Algunos de ellos están vacíos. Sobre ellos reposan pétalos de rosas secos. Las madres rezan por los hijos que perdieron, por los hermanos que nunca más volverán. Mientras los niños, ajenos a los estragos de la vida, bailan la danza de la vida alrededor de una tumba.
Tomado de: La Hora.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario